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ELLA

Ella, ella de fuego, de canela.
Recuerdo que siempre fue tan mía.

La noche que nos cobijaba
Nos acogía en su bella locura:
Siempre fue tan mía.
Siempre, era en sus cabellos mi enredadera,
En su piel, mi caricia delgada y suave.

Ella, tenía en sus ojos un rayo de luz de luna.
Y en su boca los manzanos más dulces.

Ella, fue el perfume que me embelesara
En las noches en que nos tomábamos el cielo
A nuestro antojo y deseo.

La recuerdo perfectamente.
Se lanzaba a mis brazos y amortiguaba con mi pecho.
Le gustaba dejarme hablar, decirle,
Que nuestro amor no podía ser de otra forma
Que de ésta, así,
Nocturno y demente,
Silente, pero radiante en nuestras almas.

Ella, ¡ah! Ella.
Siempre fue tan mía.
Tan sumisa y dulce.
Tan tierna, tan mística.

Su cabellera negra reflejaba el halo de las estrellas.
Su boca trémula a mi tacto tibio
Me mordía con cierta sutileza exquisita.
Sus ojos eran la ola de mar
Gobernada desde el crepúsculo.

Y fue así, así se enterró en mi ser,
Ella, ella, la de aquellos días.
Hizo inventos con mis neuronas.
Se estacó despacio en mi alma.
Ella, así lo hizo:
Recuerdo que siempre fue tan mía
En aquellas noches de locura.

J. Palacio
Derechos de autor reservados
Bogotá, Colombia

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Entera.J. Palacio ©
Derechos reservados de autor
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